Quiero hablarte de la manera en que nos relacionamos con el propio cuerpo, pues es una parte fundamental de nuestra salud el cuidarlo, amarlo y comprenderlo.
Sé por mi experiencia en la clínica, que de esto depende en gran medida la comodidad o incomodidad que una persona puede experimentar en su relación consigo misma y con el mundo.
No quiero pretender que yo tenga una receta o sea un modelo a seguir, pues he tenido diferentes épocas en mi vida en la relación con mi cuerpo.
Lo que sí quiero plantearte, es que cada vez más respeto el lenguaje y la sabiduría que el cuerpo manifiesta. Por eso, deseo darte algunas referencias y contarte anécdotas interesantes, pues intuyo que podrían serte de utilidad.
También voy a compartirte "un caso real" que experimentó una paciente en hipnosis, pues se relaciona directamente con los lenguajes del cuerpo. Para este fin cuento naturalmente con su autorización y previa revisión del texto.
Pero antes, veamos algunos aspectos.
Una pregunta inicial
Antes de hablar sobre el cuerpo y sus lenguajes, quisiera hacerte una pregunta para "calentar" esta reflexión:
¿Has pensado alguna vez cuáles son los elementos que conforman a una persona?
¿Qué partes forman tu ser y tu unidad?
Como verás a continuación, en distintas épocas y culturas se han ido definiendo de diferentes maneras cuáles son los componentes de una persona, y de esto depende en buen grado la concepción que se tiene del cuerpo, como elemento fundamental.
Un poco de historia sobre el cuerpo
Cuáles son las partes constituyentes de una persona, ha sido una interrogante que ha acompañado al ser humano a través de la historia. La cultura occidental durante milenios ha considerado que nuestros componentes más básicos son el alma y el cuerpo.
En los últimos siglos, como veremos más adelante, se ha hablado tal vez un poco más de los elementos mente- cuerpo.
Actualmente, escucho que las personas suelen referirse a tres componentes esenciales: cuerpo, mente y alma (o espíritu).
Como es parte de nuestro sentido común, cuando explicamos nuestras experiencias, solemos dar por hecho que estos componentes (cuerpo, mente y alma o espíritu) se interconectan. A la vez, parece que cada uno de estos elementos tiene su propia manera de funcionar.
Otro aspecto llamativo es que en todos los modelos de ser humano mencionadas se concibe al cuerpo como nuestra parte material, animal o biológica, ¿cierto?
En el lenguaje de los símbolos judeocristianos de nuestra cultura, el cuerpo es algo así como una vasija en la cual habita el alma.
El cristianismo guarda gran sabiduría en muchos aspectos de la vida. Sin embargo, cuando hacemos una revisión histórica de la concepción del cuerpo en los últimos tiempos, debemos notar que durante los siete siglos en los cuales la Inquisición cristiana dominó nuestra cultura, se popularizaron discursos muy negativos sobre el cuerpo.
En esa época oscurantista, se consideraba que el cuerpo, por sentir placer físico, era más cercano al pecado y a lo demoníaco. En todo ese tiempo dominó la creencia de que el alma debía salvarse para alcanzar la eternidad al evadir a toda costa los placeres pecaminosos de la carne. O sea, del cuerpo.
Detengámonos por favor un momento a pensar lo que pudo haber significado esto para las personas en la relación con su propio cuerpo, y con el cuerpo de las demás personas.
Son muy conocidas todas las maneras en las cuales durante el medioevo se buscaba la negación de las necesidades corporales y, además, los sistemas que se crearon e institucionalizaron para castigar o mortificar al cuerpo.
Todavía en el pensamiento común algunas personas consideren que el cuerpo es algo que debe ser domado, dominado o domesticado desde una instancia superior, con el fin de controlar los apetitos físicos.
En el siglo XVIII, el movimiento racionalista en las ciencias promulgó que la mente constituía nuestra instancia ejecutiva, capaz de manifestar una inteligencia superior a los instintos y a todo lo que el cuerpo expresaba. Desde esta postura, también se llegó a menospreciar bastante al cuerpo.
Desde la perspectiva positivista, la superioridad mental es justo lo que nos diferencia de los animales, percibidos como inferiores en capacidades intelectuales y más cercanos a los instintos del cuerpo.
En distintas épocas se han dado argumentaciones similares que han llevado a plantear, a conveniencia, ideas deshumanizantes sobre muchas poblaciones consideradas inferiores, por estar supuestamente más supeditadas al cuerpo y a las emociones.
Esas ideas de inferioridad se han dirigido a grupos enormes de la humanidad, como las mujeres, las personas menores de edad, clases sociales enteras, personas con discapacidad, razas/ etnias, entre otros.
Actualmente, esos planteamientos todavía están vivos y se reproducen día con día a través de muchas formas de discriminación.
Otro aspecto a tomar en cuenta se vincula con las apreciaciones e ideales (de salud, apariencia, etc.) que tienen las culturas sobre los distintos cuerpos.
Los factores mencionados influyen y tienen repercusiones sobre las maneras en las cuales nos relacionamos con el propio cuerpo hoy. Sigamos ahora nuestra indagación.
Otros modelos del ser humano
Quiero referirte algunos ejemplos muy interesantes de cómo se concibe la composición del individuo y el cuerpo en otras culturas.
En algunas escuelas filosóficas de la India como el yoga se habla de siete cuerpos energéticos: físico, etérico, emocional, mental inferior (que sería lo que para nuestra cultura es la mente racional y lógica), astral, intuitivo y causal (o espiritual).
¿Te imaginás tantos cuerpos en uno solo? Es definitivamente una propuesta desafiante.
Según esta idea, estos cuerpos están colocados en capas concéntricas y tienen la forma externa de un huevo, pero de tamaño muy impresionante, pues se llega a alcanzar hasta 3 metros más de la altura que observamos en alguien.
Otra idea interesantísima es que cada cuerpo energético tiene algo así como una estrella o centro de poder (chakra), que corresponde justo a órganos y glándulas endocrinas muy importantes del cuerpo. Por ejemplo, la glándula pineal, la tiroides, el timo, los ovarios o los testículos, el hígado y el colon, entre otros.
La medicina china también tiene una manera sorprendente de ver el cuerpo con meridianos energéticos y vías de comunicación que regulan el equilibrio interno entre órganos regentes del cuerpo y, también el equilibrio de la persona con las condiciones del ambiente y la Naturaleza.
Más cerquita (aunque lamentablemente desconocida para la mayoría de costarricenses), en la cosmovisión Bribrí1 se habla de dos almas: una que reside en el ojo derecho y otra en el ojo izquierdo.
Estas almas tienen funciones distintas durante la vida y destinos diferentes después de la muerte.
Una de ellas se queda un tiempo en la tierra, a veces molestando y asustando a la gente, hasta que se extingue. Mientras tanto, la otra alma inicia su viaje para intentar llegar a Surakaska (el mundo de las almas), donde pasa muchas pruebas para lograrlo.
En este viaje fantástico van a ser decisivos los méritos y desméritos que ha ganado la persona por sus acciones en vida, según las reglas fundamentales de la cultura Bribrí, como el respeto a la Naturaleza y a las personas.
Aquí hay otro dato interesante de la cultura Bribrí que nos puede ayudar a abrirnos a otras visiones del cuerpo. Se trata de la siguiente expresión en su idioma autóctono: “Yë’ skö́l”, que literalmente significa “Te amo desde mi hígado” o "Mi hígado te ama".
Al hígado en la culatura Bribrí se le atribuyen las funciones de los sentimientos profundos, que en la cultura occidental se consideran propias del corazón.
¿No es enriquecedor aprender de las visiones del mundo de otras culturas distintas a la nuestra, y con las cuales convivimos?
Hasta el momento te he expuesto algunos antecedentes y referentes claves para retar tu imaginación. Me parece básico que podamos comprender que en la actualidad coexistimos personas y grupos con muy distintas concepciones de lo que significa la vida y el cuerpo.
El cuerpo, protagonista de este artículo
Desde mi punto de vista, es muy difícil hacer una división tajante entre los componentes de nuestro ser, pues somos una unidad maravillosamente compleja e intrincada.
No obstante, es un reto cautivante y necesario para nuestra salud el tratar de comprender el lenguaje del cuerpo.
Recapitulando, en todos los modelos que conozco del ser humano parece indiscutible que existe el cuerpo. Y aunque se le conciba de maneras muy distintas, se concuerda en que es nuestra base biológica y material.
Según los preceptos de nuestra cultura, sentimos que obviamente “somos” nuestro cuerpo y también que “tenemos” un cuerpo, el cual algunas veces se nos sale de control. Por ejemplo, cuando enfermamos o nos desborda una emoción.
Me encanta decirles a mis pacientes que el cuerpo es la representación más digna de nuestro ser en el mundo físico y, que todo lo que le sucede tiene que ver con nuestro estado de ánimo y salud, con nuestro equilibrio mental y emocional.
Tengo el honor de contar con la confianza de mis pacientes en el pacto de la confidencialidad, por lo que puedo asegurar que las experiencias traumáticas muchas veces se asocian directamente a que no podamos cuidar, amar y comprender el propio cuerpo como éste lo merece.
Poner atención a nuestro cuerpo es fundamental para saber cómo estamos. Para eso, te daré algunos ejemplos cotidianos y luego iremos viendo también algunas situaciones más complicadas para quienes las viven.
En mi vida diaria trato de tomar conciencia en esos momentos en los cuales me gana la impaciencia o el estrés, y comienzo a moverme rápidamente, chocando con objetos o golpeándome descuidadamente las manos u otras partes del cuerpo contra el mundo.
En esos momentos siento como si el tiempo me atropellara, y no pudiera ir al ritmo de las exigencias propias y sociales de mi mente. Cuando esto pasa, trato de observarme y calmarme para anclarme al tiempo presente y así, establecer prioridades de manera en que no vaya a tener un accidente por andar en tales carreras y descuidos.
En este punto, voy a agregar algo que podría parecerte extraño, pero que me resulta esencial de plantearte a ver qué te parece: creo que para nuestra mente no es tan sencillo comprender al cuerpo.
Al respecto, podemos dar testimonio quienes hemos experimentado los síntomas físicos de las crisis de ansiedad o de pánico.
También quienes han sufrido de síntomas "psicosomáticos" (malestares corporales vinculados a factores psicológicos, como algunas migrañas y alergias, la colitis y la gastritis nerviosas, entre otras); quienes han intentado durante décadas cambiar su peso corporal o dejar un hábito adictivo sin lograrlo; y quienes saben lo que es vivir con bulimia, anorexia o una percepción alterada de su imagen corporal.
Todas estas personas pueden hablarnos muy claramente sobre lo que está pasando con su cuerpo y sobre los grandes desafíos que están tratando de vencer.
Tratando de comprender al cuerpo
Existe una milenaria y famosa metáfora en la cual nuestro cuerpo es representado como el caballo que tira de un coche en el cual vamos montados/as.
Hay diferentes versiones de esta imagen según las cuales los elementos del cochero, la carroza, el pasajero y hasta las riendas, representan los diferentes componentes de nuestro ser. En la mayoría de estas alegorías, nuestro brioso y poderoso cuerpo es simbolizado por el caballo.
Me entusiasma de verdad pensar en el cuerpo como un caballo, un animal que desde niña me ha dejado deslumbrada por su fuerza, lealtad, belleza y comunicación especial con los seres humanos. Sentirlo así me ha ayudado mucho a respetarlo, escucharlo y cuidarlo. Siento también que el cuerpo tiene su propia manera de ser brillante en las soluciones que encuentra y lo hace constantemente.
Si no te gustan los caballos, tal vez te resulte mejor pensar en los animales que más admirás y te dan seguridad, para estimular esta relación con el propio cuerpo. Te aseguro que tu cuerpo es mucho más que eso, porque es tu territorio con capacidades asombrosas y, por eso, merece respeto y consideración.
Como te decía, para nuestra mente no es fácil comprender al cuerpo, pues mientras ella desea que todo suceda ya inmediatamente, el cuerpo requiere objetivamente de tiempo para mostrar resultados y desempeñarse en el mundo físico.
Tal vez por eso muchas veces las personas desesperan y ven a su cuerpo como un ente desconocido y enigmático, incluso un estorbo, o algo temido, percibido con fría distancia, o sentido como si fuera un ente que se gobierna a sí mismo en seguimiento a sus "apetitos".
A manera de ilustración, es llamativo observar que muchos hombres y algunas mujeres perciben que sus deseos sexuales y la necesidad física de experimentar placer sexual son tan poderosos que les gobiernan; muy a menudo con múltiples consecuencias negativas en su salud, relaciones interpersonales y paz mental.
Volviendo a esa diferencia en la percepción del tiempo entre la mente y el cuerpo, voy a darte otro ejemplo cotidiano.
Cuando he hecho un cambio en mis hábitos alimenticios o de entrenamiento físico, he notado que los cambios suelen empezar a notarse en el cuerpo hasta después de dos semanas aproximadamente. Para mi mente eso es una eternidad.
Lo que te he mencionado hasta ahora, me ha llevado a pensar muchísimo en que la estabilidad emocional y la claridad mental se van cultivando acumulativamente en el cuerpo a través del tiempo. Para mí éste es un dato imprescindible de tomar en cuenta en las decisiones que vamos tomando para mejorar nuestra salud integralmente.
Otros ejemplos excelentes que van en la misma dirección son la meditación y el mindfulness, pues nos permiten comprender que hay cambios orgánicos que se van esculpiendo en el cuerpo a través del tiempo y los hábitos o las prácticas. Los estudios muestran curiosas modificaciones en el sistema nervioso central, así como beneficios en el estado de ánimo, la concentración y la salud en general, después de algunas semanas de practicarlos.
El misterioso cuerpo
Pensar en el origen de nuestro cuerpo es enigmático. Como ocurre con todo nuestro ser, cuesta entender desde la mente que nuestro cuerpo no existiera antes de nuestra gestación.
Tal vez ya se esbozaba la existencia del cuerpo como posibilidad en la información genética de las células germinales de nuestros padres, la cual proviene a su vez de nuestros antepasados/as, y ha sido transferida de generación en generación.
La información genética ha traído desde el pasado códigos o instructivos para la construcción de nuestra estructura y funcionamiento, en medio de millones de opciones, que finalmente se combinaron y resultaron en nuestras características personales.
Todos los átomos que en este momento forman nuestro cuerpo antes estaban en otro lugar y ahora se organizan siguiendo ese instructivo o patrón que es nuestra unidad biológica. ¡Sorprendente pensar en esto, verdad!
Por otro lado, también es misterioso para nuestra conciencia el hecho de que cuando morimos, éste, nuestro cuerpo, vaya a quedar inerte, en desuso, apagado o aparentemente “vacío”.
Tal como dicen muchas representaciones religiosas, nuestro cuerpo físico regresa a la tierra. Así, nuestra materia pasa a formar parte de otros sistemas orgánicos. Y aquí, dependiendo del sistema de creencias que cada quien tiene, es posible esbozar un posible destino o ninguno para nuestro ser.
Muchas personas suelen pensar que no vale la pena cuidar del cuerpo, porque finalmente va a descomponerse, pero difiero totalmente.
Nuestro cuerpo es impresionantemente inteligente, tiene su propia memoria y unas formas de lenguaje realmente extraordinarias. Te puedo asegurar que muchas veces tiene la respuesta a nuestros grandes dilemas, como intentaré mostrarte con la siguiente historia.
Una experiencia extraordinaria en hipnosis clínica
En el trabajo terapéutico he descubierto junto a mis pacientes información asombrosa sobre las memorias que tiene el cuerpo y sus maneras tan particulares de comunicarlas a la conciencia de su dueño/a.
Te prometo que en un futuro artículo hablaré más sobre la hipnosis clínica. Por ahora, para efectos de comprender el lenguaje del cuerpo y esta experiencia que te voy a contar, es preciso que sepás que las personas en el trance hipnótico pueden recuperar información sumamente importante que parecía olvidada.
Muchas veces olvidamos algo o épocas enteras porque la información es irrelevante, porque han funcionado mecanismos de defensa para sobrevivir emocionalmente eventos traumáticos, o por otras razones.
En la regresión hipnótica, a veces las memorias llegan primero a través de sensaciones físicas, como temperaturas, leves hormigueos, sensaciones agradables o a veces un poco molestas. En estos últimos casos, intento trabajar lo más rápida y efectivamente para evitar sufrimientos innecesarios en la medida de todo lo posible, mientras se va desarrollando la exploración terapéutica acordada previamente con mi paciente.
La hipnosis clínica nos permite traer gentilmente a la conciencia memorias que parecían olvidadas o "archivadas". Enfatizo “gentilmente” porque en mi abordaje personal mis pacientes pactan con su mente inconsciente que la manera en la cual se realice cualquier exploración será respetuosa, y en la medida en que puede recibirlo con cariño y cuidado.
Después de casi veinte años de presenciar estos eventos asombrosos en mi consultorio, he desarrollado, como te imaginarás, un gran respeto y admiración hacia el cuerpo y sus lenguajes.
Finalmente, ¿no es verdad que todo lo que nos ha ocurrido en nuestra historia se ha experimentado en el cuerpo?
En muchas ocasiones la mente ha olvidado sucesos gracias a sabios mecanismos de defensa, pero el cuerpo no. Para ilustrarlo, voy a describir brevemente una sesión de hipnosis clínica fascinante que tuve el honor de atender.
Aclaro que cuento con la autorización de mi paciente y su familia para hacer este caso público de manera anónima.
Un precioso caso real
Hace unos años atendí a una joven de 13 años con un miedo terrible a dormir sola, pesadillas y una gran inseguridad que se manifestaba principalmente en las pruebas académicas. La situación era tan grave que la joven dormía con sus padres y no podía quedarse sola; desde niña sus terrores nocturnos eran dramáticos, lo cual alteraba la dinámica familiar y preocupaba a sus amorosos progenitores.
Como mencioné anteriormente, en el trance hipnótico mis pacientes frecuentemente encuentran la colaboración de su cuerpo con información sumamente atinada que les lleva a descubrir detalladamente el origen y la solución de sus síntomas.
En muchos momentos clave, durante el diálogo en relajación profunda con mis pacientes, cuando ellas/os identifican una emoción particular de paz, alegría, confusión, tristeza, enojo, etc., suelo preguntarles en qué parte del cuerpo la están experimentando, y la respuesta siempre es estratégica para continuar la exploración y traer otros elementos de la memoria que frecuentemente tienen gran sentido para el tratamiento.
Al entrar en trance hipnótico, la joven refirió sentir una punzante sensación en el tobillo izquierdo. A partir de este dolor físico pudimos ir desentrañando una serie de recuerdos que se fueron armando como en un rompecabezas.
Ella fue describiendo las imágenes del terror que sintió cuando, siendo seismesina estuvo en algo que parecía una incubadora, sintiendo una soledad desesperante y la alerta de un inexplicable e inesperado abandono que ponía en riesgo su sobrevivencia. Era como si no le importara a nadie, después de todo el esfuerzo que había realizado para nacer.
El embarazo había sido complicadísimo desde el inicio por el diagnóstico de hipoxia invisible2, que llevó a la madre a internarse por largos meses en el hospital, dado el alto riesgo que sufrían ella y la bebé.
Al nacer se adicionó de que la niña presentara inicialmente una intolerancia a la leche materna y el equipo médico había optado por mantener a la mamá alejada de su bebé.
Afortunadamente, gracias a la valentía de esta mamá, quien se impuso con autoridad serena al doctor, la bebé pudo sentir por fin el alivio de sus cálidos cuidados afectuosos y nutricios. Todo un alivio.
Sin embargo, al parecer, ese miedo mortal al abandono de sus cuidadores y a "no pasar la prueba" ante los ojos de las autoridades médicas, había quedado grabado en la memoria de su cuerpo, las emociones y los pensamientos al crecer.
Esta hermosa experiencia, que se acompañó de muchos más detalles físicos asombrosos dignos de ahondar en otro escrito, pudo ser complementada posteriormente con la narración de los padres de mi paciente sobre lo sucedido, desde su perspectiva de la historia.
Así, pudimos reconstruir a posteriori con los padres los diferentes momentos de la regresión, que se referían a diferentes edades e intervenciones quirúrgicas en la niñez.
Ellos mencionaron que la primera señal física que empezó toda esta exploración, la punzada en el tobillo izquierdo, podía vincularse a una vía que tenía la bebé en su piecito izquierdo cuando estuvo en la incubadora durante horas y días eternos para la familia.
A través de la psicoterapia, mi joven paciente alcanzó los resultados que deseaba rápidamente.
Siempre que he tenido la suerte de coincidir con esta familia nos referimos a esta extraordinaria recuperación. Pudimos ser testigos de la gran capacidad que tiene la memoria del cuerpo para comunicar su propia historia y buscar soluciones más allá de los límites de la razón.
Actualmente, la joven cursa estudios de Medicina y es una adulta muy independiente. Como psicóloga humanista me puedo permitir decir que me siento muy orgullosa de sus logros y siento un gran cariño por ella y su familia.
Mensajes cotidianos del cuerpo: dolores y placeres
Me gustaría ahora traer esa asombrosa experiencia a los lenguajes cotidianos del cuerpo, pues no es necesario en absoluto estar en un trance hipnótico para encontrar información valiosísima sobre nosotros mismos/as a través de los mensajes del cuerpo.
Debo decir que, honestamente, suele ser bastante malagradecido de nuestra parte el dar por sentado al cuerpo cuando todo funciona bien. Y notarlo solamente cuando aparece un malestar o una sensación muy intensa. Es decir, hasta que aparece un dolor o una limitación de funcionamiento en el cuerpo, reconocemos su buen desempeño de otros tiempos.
También es curioso observar que durante la niñez y la juventud hay cualidades corporales magníficas que damos por hecho, tales como la agilidad, la flexibilidad y la ausencia de dolor. El bienestar se experimenta como si fuera algo obvio y permanente. Con los años y las pruebas de la vida, vamos valorando, y generalmente cuidando más de nuestro cuerpo.
Otras personas, en contraste, se han acostumbrado a vivir con dolores constantes de cabeza o malestares digestivos. A modo de ejemplo, la gastritis y la colitis nerviosas tienen una alta prevalencia en la población.
Se dice que son "nerviosas" porque dependen en gran medida de nuestro estado de ánimo y los retos del ambiente para su dolorosa e incómoda aparición.
Además, hay quienes viven con dolores permanentes y requieren de tratamientos continuos para reducirlos.
En el otro extremo, hay infinitas cosas que decir sobre el ámbito de los placeres, pues nuestra capacidad de sentir sensaciones agradables siempre se da en el cuerpo, incluso si se trata de satisfacciones intelectuales, emocionales o incluso espirituales.
Contraria a la creencia de que los placeres pueden ser dañinos para nuestro ser, cada vez más las ciencias van mostrando que experimentar estímulos gratificantes forma parte consustancial de la salud. Sobre las adicciones a las sensaciones placenteras hablaremos más adelante en otro artículo.
Desde el suave pero profundo placer que trae la tranquilidad a la intensidad de un orgasmo, pasando por el placer de la acción creativa, contemplativa o intelectual, todas ellas son experiencias que van acompañadas por un correlato de sensaciones y señales en el cuerpo.
Así, podríamos concluir que siempre que estamos felices, con sentimientos de realización personal y sana curiosidad, el cuerpo está participando y memorizando activamente todo lo que está pasando.
¿Qué sentís por tu cuerpo?
Dado todo lo anterior, resulta vital preguntarnos cuál es la relación que hemos desarrollado históricamente con el propio cuerpo y si hay algunos aspectos que quisiéramos mejorar.
Para mí será un gusto acompañarte en revisar todo esto a través de más reflexiones que te ayuden a fortalecer tu salud mental, emocional y física.